Nuestra Señora de las Lágrimas

 

    La patrona de Cabezo de Torres es la Virgen de las Lágrimas. El título se le dio a un busto de la Virgen de los Dolores que lloró en casa de un huertano de Cabezo, Los testimonios de la época son abundantes. Vamos a tratar de hacer un extracto de ellos.

 

El hecho sucedió el día 8 de agosto de 1706. En una casa de campo de un tal Francisco López Majuelo vive una familia devota y cristiana. La casa está en el partido de Monteagudo. Las tropas de Felipe de Anjou defendían los derechos de éste a la Corona del Reino, contra las tropas del archiduque Carlos, que, ayudado por ingleses y holandeses, también pretendía la Corona española. Estamos, pues, en plena guerra de Sucesión. El obispo de la dióce­sis, don Luis Belluga, estaba de parte de Felipe de Anjou, y, dado que las tro­pas del Archiduque Carlos se entregaban a actos de vandalismo y hasta ofen­dían la religiosidad del pueblo, no dudó en calificar dicha guerra como una guerra de religión.

En la fecha señalada las tropas de Felipe V se encuentran situadas en Monteagudo, luchando contra sus enemigos. Sobre la una o las dos de la tarde una criada de la casa sube para limpiar una habitación, Allí hay dos imágenes, Una de Jesús y otra de la Virgen de los Dolores. Cada una tiene unos 35 centímetros de altura, Están protegidas por sendas urnas de cristal y coloca­das sobre unos manteles. Son las imágenes de la devoción familiar,

La criada observa que el rostro de la Virgen está acongojado. Ve que la frente la tiene sudorosa, y que de los ojos brotan gruesas lágrimas. Se llena de espanto y de temor. No quiere creer lo que ve. Baja a llamar a los amos. Acude toda la familia y, efectivamente, todos ven llorar la imagen. Acuden los vecinos más cercanos. Se va corriendo la noticia por la huerta, y cada vez hay más labradores p ara admirar el prodigio. La imagen llora de nuevo hasta las cuatro de la tarde. Todos pueden ver las gruesas lágrimas que derrama la Virgen.

Los presentes no quieren abandonar el lugar por si el prodigio se repite. Todos están emocionados. Hay lágrimas en los ojos de los campesinos.

Hacia las nueve de la noche se ponen a rezar el rosario Por tercera vez vuelve a llorar la virgen. Esta vez por espacio de una hora

    Al día siguiente, 9 de agosto, las tropas de Felipe V, se retiran hacia Cabezo de Torres. Durante el día anterior habían mantenido un sangriento encuentro. Aprovechan la oscuridad de la noche para buscar un lugar más favorable a sus fines estratégicos. Sobre las tres de la madrugada acampan cerca de la casa de López Majuelo. Se enteran de lo sucedido, y acuden los oficiales. Son testigos de que la Virgen sudaba tan abundantemente, que el agua salía de la urna de cristal, empapaba los manteles y caía al suelo. Pusieron unos vasos para recoger el agua. Como en esta ocasión el llanto duró hasta el mediodía, fueron testigos del hecho los oficiales, los soldados, los capellanes del regimiento y bastantes personalidades de Murcia, que, al enterarse del hecho, acudieron rápidamente al lugar.

Por la noche, hacia las doce, llegó el obispo de Cartagena, Don Luis Belluga. Cuando subió para ver la imagen, el llanto había cesado. No obstan­te había huellas y señales en el rostro, de una forma especial esto se notaba en la mejilla derecha. La urna estaba húmeda. Los manteles empapados. El obispo se arrodilló, hizo oración y, luego, sacó a la Virgen de la urna. La regis­tró. Comprobó que era de yeso. Limpió respetuosamente el sudor y las lágrimas que quedaban sobre la frente y el rostro. Tras el examen quedó convenci­do de que era imposible una falsificación. La encerró de nuevo en la urna y, ¡unto con la efigie de su Hijo, la trasportó a una casa contigua, en la que se tenía que hospedar. En dicha casa había una ermita pequeña. Allí las dejó durante dos días, mientras preparaba el traslado a la ciudad de Murcia. El obispo permaneció junto a ellas.  

Entretanto la gente de Murcia se enteró de lo sucedido, y acudían en masa para admirar el prodigio. Pero aunque siempre había observadores para ver si el llanto de la imagen se repetía, ya no se dio más, el obispo Belluga, preocupado por demostrar que aquello no era un engaño, mandó llamar a un Provisor, el cual, junto con un notario y el Fiscal del obispado, procedieron al examen del hecho, Dicho examen comenzó la mañana del día diez. junto con estos tres hombres intervinieron en el examen varios peritos en yeso, pinturas, barnices, etc.

El examen duró dos días y las peregrinaciones se sucedían hacia la casa de Francisco López Majuelo. El Cabildo de Murcia escribió una carta al Obispo pidiéndole encarecidamente que la imagen de la Virgen fuese colocada en la Catedral. Todo el Cabildo estaba dispuesto a ir procesionalmente hasta la ermita para el traslado.

El traslado de la imagen se hizo el día once por la noche. El obispo acompañó las dos imágenes. Todo tuvo una solemnidad extraordinaria. La colocaron en la capilla de San Andrés, tina de las capillas más interesantes de la Catedral. Dicha capilla fue fundada por Juan Caballero, que era notario de la Ciudad, en el año 1430. Ya no queda nada de lo que fue aquella capilla. Todo es muy moderno, a excepción de la verja de hierro. Pero era una de las más importantes de la Catedral.

El obispo, con los datos del examen de los peritos en la mano, con las declaraciones juradas de los testigos, con el informe del Previsor, el Notario y el Fiscal, publica una pastoral conforme al Concilio de Trento y declara que las lágrimas eran milagrosas. En la Pastoral, tras una introducción en que habla de lo que ha visto, de los exámenes que se han hecho, de los veinticuatro testigos cualificados que han testimoniado y de la opinión de los teólogos, con­cluye: "... declaramos por milagrosas dichas lágrimas, y sudor, y digna de veneración ración y culto la Sagrada Reliquia de los Manteles, donde corrió el Sudor y las lágrimas".

Luego el obispo pasa a explicar el motivo de estas lágrimas. Primero habla de la misericordia de la Virgen para la ciudad de Murcia. Las lágrimas eran la petición de María a su Hijo para que ayudase a las tropas que defen­dían la Ciudad. A esa misma hora en que la Virgen lloró, las tropas habían entablado un sangriento combate y salían victoriosas. Las pérdidas del ene­migo eran unos cincuenta hombres, mientras los leales a Murcia sólo tuvieron tres muertos y siete heridos, La batalla se dio en los alrededores de Monteagudo,

Una segunda razón de estas lágrimas las encuentra el obispo en el hecho de que las tropas inglesas entran en la ciudad. de Alicante y cometen toda clase de profanaciones, Dice así: 

“...nos persuadimos muy luego, a que el Sudor, y Lágrimas desta Santa Imagen, sin duda avían sido sentimiento, que la Reyna de los Ángeles mostrava de los desacatos, irreverencias, y ultrages, que sin duda en aquellos tiempos, y horas abrían hecho los Hereges en las Sagradas Imágenes de aquella Ciudad como nos temíamos. Y persuadiéndose todos los varones pies a que éste, sin duda, era el motivo; confirmándose esto más con el Sudor de otra Imagen del Salvador, que el día quince se vio en una de las parroquias desta Ciudad, que aún no tenemos autorizado, y declarado.”

 

Luego habla de que un Capitán y dos Tenientes que huyeron de Alicante los días 15 y 14 respectivamente, son testigos de las profanaciones que allí sucedieron. Los hechos que cuentan al Obispo son recogidos también por la "Gaceta de Murcia" donde se dan noticias de la marcha de la guerra. Refiriéndose a la invasión de Alicante dice así:

"Vieron los nuestros desde el Molinet la entrada de los enemigos en la plaza y teniendo por impo­sible su conservación se retiraron todos olos más, al Castillo, que hoy tiene toda la gente, y provisiones suficientes para mantenerse por muchos meses, siendo incomparablemente mayor el daño que hace que el que recibe de los enemigos".

 

Los que quedaron en la plaza se guarecieron en la colegial de San Nicolás creyendo escapar del furor de los enemigos en tan sagrado asilo; lo que no sucedió así porque, habiendo empezado el saqueo por las iglesias, se perdió del todo el respeto a Dios y a los Hombres, desnudando las sagradas imágenes y altares; despojando a los hombres de sus vestidos, con circunstancias que no se pueden permitir a la relación sin ofensa de la molestia. Cuanto precioso han encontrado en vestidos de imágenes en ternos de igle­sias, en ornamentos sacerdotales y alhajas de sacristía, han reservado para embarcarlo, habiéndoseles visto a algunos ir por las calles con las casullas sobrepuestas al vestido militar. Muchos, entrando en el interior de los sagra­rios y tratando con irreverente desacato las Sagradas Formas, hicieron servirse en sus mesas de los copones, en que brindaron por la salud de la Reina Ana. En San Francisco destrozaron la Cena de los doce Apóstoles, obra de escultu­ra de gran precio y primor. En el Carmen, sacando afuera a San Elfas, le sen­taron en una silla y haciendo con sus espadas al pasar muestra irrisión de la que el Santo tenía en la mano. En el Convento de las religiosas de la Sangre cortaron la cabeza a un Eccehomo y después en la calle, sobre una piedra, la expusieron a los insultos de su gente. Algunos, andando en busca de tesoros, abrieron la caja o nicho donde estaba el tesoro escondido del cuerpo de la Venerable Madre Sor Ursula Micaela, que no merecieron estimarle y así la arrojaron con desprecio en medio de la iglesia. También hubo osadía para hacer una sacrilega herida en la cabeza a una imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, cortando de otro golpe la mano al Divino Infante que tenía en sus brazos".

Como los hechos que se narran sucedieron entre las 12 del mediodía del ocho de agosto y durante todo el día siguiente, precisamente el tiempo que duraron las lágrimas, el obispo, tras exigir juramento de verdad a los testi­gos, concluye que el carácter de la guerra tiene significación religiosa:  "... a vista de la demostración que el Cielo ha hecho con tan claras señales... la debemos reputar y defender por tal guerra de religión".

Tras esta declaración toma algunas medidas. Entre ellas está la de man­dar a varios sacerdotes para que hablen a las tropas y les inviten a unirse a

lágrimas de Virgen con ayunos y oraciones, De esta forma, unidos a las ora­ciones y ayunos de los fieles de la diócesis, querían implorar de la misericor­dia de Dios la ayuda para la causa de la guerra. igualmente, manda y estable­ce turnos en las diversas iglesias y parroquias de la Ciudad, para que se ele­ven plegarias a Dios con el mismo fin, concediendo indulgencias diversas.

También provee para que se erija una suntuosa ermita en el mismo lugar donde la Virgen lloró.

El Obispo quiere, además, entregar la imagen a la Congregación de Filipenses para que la custodien. La fundación quedó acordada con los Filipenses el Viernes de Dolores de 1713. Se les donó la imagen. Pero no la retiraron, ya que había una cláusula que ponía como condición para retirarla el disponer de iglesia propia donde darle culto.

Sin embargo, la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, tuvo igle­sia en Murcia. Y también hubo allí constancia del milagro En el libro "Murcia Mariana" dice Javier Fuentes y Ponte que existe en Murcia la iglesia de San José, antes de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Y al hacer el inventario de los objetos artísticos que contiene dicha iglesia, dice que en uno de los altares hay una urna que contiene una estatua de San Felipe Neri. Y sigue: "Sobre esta urna, sujeto a la pared y guarnecido de un marco magnífico formado con buenas tallas doradas, hay un cuadro en lienzo de 1’21de altura por 78 centímetros de ancho, en cuyo tercio interior figuran unas nubes, y tres querubines sostienen un busto de tamaño natural, la Dolorosa o Virgen de las Lágrimas, y dos niños ángeles, contristados y llorosos parecen llorar y desco­rrer uno a cada lado el cortinaje, para que pueda contemplarse la imagen, mientras cuatro querubines descienden volando sobre la cabeza de la dolori­da madre. Este cuadro parece pintado por Campos o Sánchez".

No hemos podido dar con dicho cuadro, que parece ha sido destruido.

El motivo definitivo por el que los Filipenses no se llevaron la Imagen de la Virgen, lo desconocemos por completo. Tal vez el propio Belluga no quiso desprenderse de la Reliquia.

El Cardenal Belluga era devotísimo de la Virgen de las Lágrimas. En uno de sus retratos aparece al fondo la imagen.

Los manteles sobre los que lloró la Virgen fueron objeto de polémica para ver quién se quedaba con ellos. Incluso el Rey de España estuvo intere­sadísimo en el asunto. Los corporales no salieron de Murcia, En 1963, junto con varias pinturas fueron incorporados al museo de la catedral. Están colo­cados en un cuadro acristalado. En el reverso se lee la siguiente inscripción:

"Corporai en el que cayeron las lágrimas de la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas".

En la Carta Pastoral que publica, el Obispo Belluga declara que las lágrimas son milagrosas y que la imagen de NUESTRA SEÑORA DE LAS LÁGRIMAS es digna de veneración y culto, Desea que en el lugar donde lloró se levante una iglesia en su honor.

Y regresó a su pueblo

Después de muchas gestiones llevadas a cabo con el Cabildo Cardenalicio para el traslado de la Imagen a nuestro pueblo, siempre con resultado negativo, ya que desde el 11 de agosto de 1706 y por orden del entonces Obispo de Luis Belluga, quedó depositada en la Catedral de Murcia, El Cabildo siempre la ha considerado una reliquia de su propiedad, negándo­se en todo momento a desprenderse de Ella.

Últimamente, y después de muchos años de gestión por nuestro actual Párroco, Don Pedro Lorente Martínez, siendo nuestro Obispo Don Javier Azagra, Vicario General y Dean del Cabildo Don Antonio Martínez Muñoz, muy ligado, este último a nuestro pueblo, pues aquí pasó su infancia y le llegó la vocación sacerdotal, siendo por entonces nuestro Párroco Don Pedro Martínez Conesa, quien lo instruyó espiritualmente hasta llegar al Seminario, motivos éstos que, personalmente considero han tenido mucho que ver, para que des­pués de 289 años de ausencia, el 16 de octubre de 1995 y precedido de Quince días de Misión, volviera a nuestro pueblo la imagen de la Virgen de las Lágrimas, Como colofón a tan digna efeméride, nuestro Obispo concedió a nuestra Parroquia un año Jubilar Mariano.

Actualmente se encuentra expuesta en la capilla del Sagrario, entre tanto se prepare un lugar especial para su veneración,

Desde estas líneas animo a los hijos del Cabezo para que, con la aporta­ción de todos consigamos un lugar digno a nuestra Patrona,

 

 

Volver a Página Principal